3).------------ ESTUDIANDO NUESTRO FUTURO.
Hemos insistido varias veces en que el orden y sistema educativo tiene sus propias inercias, anclajes y cadenas que se hunden en el fondo del pasado, y que condicionan o al menos retrasan las innovaciones periódicas que los sectores más lúcidos de las clases dominantes quieren realizar. Pero ocurre también que, según las tradiciones históricas de esas clases dominantes, las innovaciones que se introducen no cuestionan la raíz substancial de la pedagogía clásica. En efecto, en nuestro marco europeo, civilizacional por llamarlo de algún modo, esa raíz no es otra que la pedagogía instaurada en la decadente Grecia clásica cuando triunfó la contrarrevolución idealista, que a su vez era reflejo del triunfo de la contrarrevolución oligárquica sobre la democracia de los ciudadanos libres. Se ha denominado con mucha razón a esta corriente como pedagogía socrático-cristiana.
En primer lugar, el componente socrático sostiene que la educación está para sacar a la superficie lo que el sujeto lleva en su interior desde su nacimiento, como si fuera una realidad inmutable, prefijada, que sólo espera a ser descubierta. El lema socrático de "Conócete a tí mismo" lo dice todo. Y el educador ha de ayudar al educando a descubrirse, a conocerse en su interior. En segundo lugar, el componente cristiano sostiene que la educación está para salvar a esa persona en el mismo proceso de su autoconocimiento, para ponerla en relación con dios y demostrarle que ese autoconocimiento unicamente es posible mediante dios y para dios. De esta forma, se establece una relación entre la búsqueda interior y la obediencia exterior que, de un lado, refuerza la supremacía del individualismo introvertido sobre la dialéctica entre lo colectivo y lo individua, y que, de otro lado, refuerza la supremacía de la burocracia educativa sobre la interacción entre educando y educador.
Dado que el cristianismo fue más una creación del platonismo paulino que del llamado Jesucristo, y dado que fue Platón quien filtró a Sócrates y dio cuerpo teórico definitivo a la contrarrevolucón idealista y reaccionaria, por ese doble origen la pedagogía socrático-cristiana asume todos los criterios permanentes de manipulación y mentira. Recordemos, por su innegable importancia, que Platón teorizó y justificó el derecho del Estado al monopolio de la mentira propagandística, usada como terapia para "curar" a la sociedad enferma; recordemos que también justificó que el Estado reprimiera a quienes negasen ese monopolio. Recordemos, además, que el cristianismo asumió vía Orígenes esa concepción y aunque si bien el concilio de Constantinopla del 553 condenó algunas tesis de Orígenes, no cuestionó empero su idea platónica de la "mentira económica", que pasó al cristianismo con diversos nombres, como el de "mentira piadosa", por ejemplo.
Lo fundamental, en lo que queremos insistir, es que el orden pedagógico actual está viciado desde su origen histórico. La vieja educación expresa la continuidad esencial de una estrategia alienadora destinada a mantener el orden social dominante en cuestiones decisivas: patriarcado, propiedad privada de los medios de producción, explotación de pueblos ocupados e interpretación metafísica e idealista de la historia.